El hombre que permaneció
Conocí a Jesús en Llanogrande, en el jardín de una amiga. No sé exactamente cuánto tardamos en empezar a hablar de plantas. Muy poco, seguramente. Con los jardineros suele ocurrir eso. Uno puede presentarse diciendo su nombre, pero la verdadera presentación comienza cuando señala una planta. Y creo que empezamos por unos helechos arbóreos. Jesús trabaja allí desde hace cincuenta años. Cincuenta. La cifra cambia inmediatamente la manera de mirar un jardín. Porque entonces uno comprende que muchos de los árboles que está viendo probablemente fueron pequeños delante de sus ojos. Que algunas plantas llegaron después que él. Que otras ya no están. Que conoce rincones que fueron distintos, ramas que hubo que cortar, temporadas de mucha lluvia, años secos, floraciones extraordinarias y plantas que un día, sin demasiadas explicaciones, decidieron morirse. Jesús conoce algunos nombres científicos y todos los nombres vulgares.Me gustó descubrirlo. Durante mucho tiempo hemos con...